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PRESENTACIÓN El Diccionario de la Lengua Española, al cuidado de la Real Academia, dice textualmente a propósito del libro: «reunión de muchas hojas de papel, vitela, etc., ordinariamente impresas, que se han cosido o encuadernado juntas con cubierta de papel, cartón, pergamino u otra piel, etc., y que forman un volumen». Todo libro, a la vista de esta definición, salvo los que nos llegan «en capilla» o pliego, que suelen ser una excelsa minoría fuera del comercio y del alcance de los más, nace a la vida encuadernado. Y así, efectivamente, suele suceder hasta que el hombre de natural inquieto y eterno caminante de un más difícil y más allá busca lo que Marañón llama en un prólogo que escribió para Juan de Zaragüeta, «el orgullo de su obra», tenga en cuenta o no que «detrás de su genio creador está Dios». En todo caso lo importante es que «el hombre es el divino instrumento de tan inmensa grandeza, más aún inmensa por su gigantesca realidad, porque la imaginación no alcanza a adivinar hasta que límites puede seguir creciendo». Tengo para mí que quien encuaderna, dora, asaca variopintos papeles de la cuba para ornato de cubiertas y guardas manoseando tintes y grasas, chifla con pulso y paciencia de cirujano pieles multicolores para formar un mosaico o con perseverancia para la que no cuenta el tiempo aplica una y otra vez hierros y hierros para reproducir obras que inventaron los mudéjares mil años atrás, no hace otra cosa que trasladar a un objeto la obra de misericordia que pide vestir al desnudo. Y a quien con paciencia inusitada dedica buena parte de su vida a escribir y describir sus experiencias bien contrastadas en el arte de la encuadernación, para que quienes nos han de seguir lo hagan recibiendo en mano lo que los olímpicos llaman testigo, que a buen seguro aún mas enriquecido, seguirá por generaciones siendo acicate y guía, como es el caso de Francisco Gómez Raggio, lo menos que se le puede atribuir es la grandeza de su ánimo. Gómez Raggio es digno representante de un grupo de familias que desde comienzos del pasado siglo juntando su sangre andaluza a la de gentes emprendedoras venidas de Italia, Alemania, Austria y Holanda dieron a Málaga una personalidad señera en el orden del comercio y de la industria e iniciaron un despertar que sacó a la ciudad y su entorno del mundo cutre de George Borrow y sus colegas foráneos viajeros decimonónicos. Es una historia curiosa que está por hacer y en la que personalidades como la de Francisco Gómez Raggio y quienes le precedieron tienen voz y voto importantes. Hombre de extraordinaria bondad a quien jamás, ni hijos, ni vecinos, ni amigos oyeron una crítica y sí toda clase de disculpas sobre las debilidades que empiedran la vida, consumió horas y días, sin desatender los negocios familiares, en su villa familiar de La Caleta, pasando al ordenador las experiencias y ensenanzas que le brindaban su afición de encuadernador, tocando todos los palillos de este arte complicado y minucioso. Fruto de ello es el volumen que sigue a estas líneas bien concebido desde el punto de vista de una didáctica progresiva y capaz de satisfacer las exigencias mas estrictas. Amante del libro y de su ornato que es tanto como unir al deleite de la lectura el del tacto y el de la vista, Gómez Raggío nos deja el empeño de toda su vida, que a buen seguro va a tener muchos disciplinados seguidores pues con ella contamos como seguro amparo y guía no solamente los que amamos la encuadernación, entre los que se cuentan dos de los hijos del autor, sino todos aquellos que se inician en el vestido de libros, hoy afortunadamente muy en boga. Gómez Raggio encerrado en su taller, convirtiendo los asuetos en batallar con papeles, hierros, pan de oro, película americana, guillotina, prensa y música sorda de martillo que saca cajos y hallando tiempo para reflejar el fruto de esta guerra diaria en páginas de ordenador, hasta completar el tratado que ahora ve la luz, nos da la clave de lo que fue su vida sencilla y honesta, de hombre limpio, buen padre de familia, que brega para poder dar cumplida cuenta, cuenta cabal, de los caudales que al nacer da el Creador a todo hombre para que los administre en su paso por la tierra. La dedicatoria de «La Encuadernación» nos dice bien a las claras lo que Gómez Raggio fue hasta que un corazón tan grande se paró. JOSÉ‑VICENTE TORRENTE SECORUN Embajador de España
PROLOGO A ti, amigo lector que te has parado y abierto el libro, van estas letras. Si te interesa este libro es porque crees que con él puedes aprender a encuadernar, si es que aún desconoces esta bella artesanía, o porque quieres aprender algo más, o quieres contrastar si lo que se dice aquí está de acuerdo con lo que haces, o ‑en fin‑ porque eres de los que saben a fondo y de verdad este quehacer y te interesa conocer el saber de los demás. Si eres de estos últimos ayúdame con tus consejos para que corrija los errores cometidos, a fin de que, entre el saber de todos, no se pierda una artesanía tan apasionante en la ocupación y tan bella en la obra, tan entretenida en el hacer y tan agradable a la vista, Lo que quiero, ante todo, es exponer la forma de hacer una encuadernación sencilla, en casa y con materiales fáciles de adquirir o de fabricar por uno mismo, aunque también expondré los principales estilos de encuadernación y sus diferentes procesos. Toda persona que desee aprender este u otro arte u oficio tiene que tener afición, constancia y estudio. Afición, porque es el motor que nos mueve para conseguir algo que nos place. Constancia, porque únicamente haciendo las cosas y repitiéndolas se puede llegar a una práctica y, con la práctica, a una mayor perfección. Estudio, porque en nada se llega a un cien por cien de perfección, y se han de leer, estudiar y aprender de otros las distintas formas, los nuevos métodos para acomodarse a un progreso continuo, siempre claro está que ese nuevo proceder sea para mejorar y embellecer la obra que se realiza. EL AUTOR
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